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El café como ingrediente: dos postres que te dejarán con la boca abierta

 

Uno de los aspectos más sorprendentes –y paradójicos, al mismo tiempo– del mundo del café en el contexto colombiano es nuestra tremenda ignorancia en cuanto a los usos de este maravilloso producto, así como de sus múltiples preparaciones. Para millones de nosotros, el café se reduce a la bebida caliente que tomamos por la mañana, o en los intervalos del trabajo, que llamamos tinto cuando se prepara en agua (por lo general, con azúcar, para matizar el agrio sabor de la pasilla), perico, cuando va con leche, y, en las cafeterías con un poco más de sofisticación, capuccino, cuando sale de una máquina ruidosa que nos entrega un vasito de polietileno, espumoso y humeante, al cual se le debería añadir canela en polvo.

Lo tremendo de todo esto es que nos hemos estado perdiendo de una plétora de usos del café, tanto en bebidas, como en otras preparaciones, que podrían darnos cuenta del enorme potencial que tenemos como productores de, tal vez, uno de los mejores cafés del mundo entero. Veamos dos recetas de postres en las cuales el café es el ingrediente central, que podrás ejecutar en tu propia cocina para dejar a tus invitados con la boca abierta.

Tiramisú

Este postre italiano es famoso por su historia. El tiramisú era el entremés que se le ofrecía a los clientes de los prostíbulos de Italia durante el siglo XIX, y que terminó popularizándose más allá de sus… peculiares fronteras. Para prepararlo, necesitarás tres composiciones básicas: una crema y un almíbar de café. Para la primera, usa media taza de leche, tres cuartos de taza de azúcar, cuatro yemas de huevo y dos tazas de queso crema. Para el segundo, usa setenta gramos de azúcar, y la misma cantidad de agua. Puedes añadir cinco gramos de café molido y media taza de licor de café (aunque otros licores fuertes, como el whisky, el brandy o el ron van muy bien aquí).

 

Para preparar la crema, debes batir la crema de leche hasta conseguir montículos delicados, como las dunas de un desierto. Entonces, en un recipiente aparte, bate las yemas de huevo con el azúcar y espera hasta conseguir una mezcla homogénea. Agrega el queso crema y sigue batiendo. Mezcla todo y termina de añadir el resto de la crema de leche, esta vez, con movimientos más amplios. Luego, a la nevera.

 

El almíbar del café es muy sencillo, para eso, necesitarás crear un caramelo con el agua y el azúcar en una olla, con cuidado de que no se vaya a quemar (lo cual sucede muy rápido cuando se trata de almíbar). Sólo espera hasta que el agua se evapore un poco y le deje a la mezcla un poco de densidad. Añade el café en polvo, y, si quieres, el licor que mejor te parezca. Mezcla todo muy bien durante unos cuatro minutos (sin parar) y deja que se enfríe en la nevera.

Ahora, en un molde para postres, arma capas de la crema y del almíbar, como una lasaña, y procura que la capa de la superficie sea de almíbar. Puedes espolvorear un poco de canela, o un poco del café molido. Debes dejar el postre en la nevera alrededor de unas cinco horas.

No te extrañes si de repente tienes más invitados en tu casa.

Rollos de canela

Esta exquisita preparación se ha vuelto muy popular en varias partes del mundo, y no es gratuito: es deliciosa, y complementa muy bien el sabor de un buen café americano. Los rollos se componen de tres elementos: una cubierta, la masa y el relleno (sí, como en el sushi). Para la cubierta, necesitarás ciento veinte gramos de queso crema, cuarenta gramos de crema de leche, cincuenta gramos de azúcar pulverizado y una onza de esencia de vainilla. Para la masa, necesitarás una libra de harina de trigo, diez gramos de sal, veinticinco gramos de levadura activa, ochenta gramos de azúcar, noventa gramos de mantequilla y dos huevos. Para el relleno, necesitarás un poco menos de media libra de azúcar, ciento cincuenta gramos de mantequilla, una onza de canela en polvo y sesenta gramos de café recién molido (ojalá, de buena calidad). Esto le terminará de dar el aroma y el sabor que complementará el resto de los ingredientes.

 

Precalienta el horno a unos doscientos grados Celsius. Para preparar el relleno, en un recipiente, derrite la mantequilla en bajo, y, al retirarla de la estufa, añade el resto de los ingredientes y revuelve rápidamente. Luego, para la masa, debes formar una franja con la harina sobre una tabla de cortar. En un borde de la tabla, deja la sal; en el centro, el resto de los ingredientes de la masa (previamente mezclados). Amasa hasta lograr una sustancia homogénea y con el cuerpo suficiente como para hacer pan. Déjala reposar un rato. Luego, estira la masa y deja una lámina rectangular de un centímetro de grosor. Córtala en tres franjas iguales. Ahí añades el relleno, y deja un poco de este en un borde para que el rollo pueda sellar sin dificultad. Enróllalos y déjalos en el horno durante veinte minutos, hasta que crezcan un poco. Sácalos y báñalos con los ingredientes de la cubierta, previamente mezclados.

Y, por supuesto, acompáñalos con un buen café.

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